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LOCALES

Arturo Illia, el pergaminense que hizo hasta que lo dejaron



Se cumplieron ayer 25 años del fallecimiento del hijo de estas tierras que llegó a ocupar la primera magistratura nacional. Su actuación estuvo siempre teñida por mitos y falacias, permaneciendo incólume hasta nuestros días su honestidad moral e intelectual que junto a su vocación de servicio lo llevaron a ocupar un sitio de honor en la historia argentina.

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DE LA REDACCION. La vorágine de una redacción periodística que debe atender sin demora la crónica cotidiana suele tener como indeseada contrapartida el no recuerdo (nunca olvido) de fechas importantes y caras a la historia de una Nación y, en este caso particular, también de nuestra ciudad. Sin querer ser una justificación, sirvan estas líneas como un sentido homenaje a don Arturo Umberto Illia, hijo dilecto de esta ciudad, de quien ayer se cumplieron 25 años de su fallecimiento.
Hombre del pueblo por profesión y vocación, y sobre todo, hombre de la democracia, prácticamente un emblema de ella dentro de la accidentada historia política de nuestro país. Mucho se habló y escribió de Don Arturo durante los últimos 25 años: de su escasa representatividad electoral, de su supuesta falta de aptitudes y lentitud para gobernar, todas explicaciones para su derrocamiento. Pero lo cierto, lo fáctico, es que Illia no entró a la Casa Rosada por la ventana; a pesar de que en 1963 el peronismo seguía proscripto y se manifestaba con el voto en blanco, la cantidad de sobres vacíos en aquellas elecciones no sobrepasó el 18 por ciento.
Entre las pocas grandes verdades que se han dicho de este presidente pueden mencionarse su honestidad y firmes convicciones, fuera de toda discusión. Lo demás, es materia opinable y está viciado por intereses sectoriales y versiones encontradas. De hecho, están quienes en contra de otros lo destacan como un presidente “hacedor”, como el ex senador José María García Arecha lo describió para el diario La Nación. Y, de hecho lo fue. En sus dos años y ocho meses de gobierno sancionó las leyes de salario mínimo y medicamentos –que provocó malestar en grupos de poder económico- y canceló la deuda con el Club de París, acompañado por un eficaz equipo económico encabezado por Eugenio Blanco primero y por Juan Carlos Pugliese luego de que aquél falleciera. También logró, por medio de gestiones diplomáticas, que Naciones Unidas instara a Gran Bretaña a negociar con Argentina una salida pacífica al conflicto de Malvinas y comenzó con las exportaciones de trigo a la China comunista, cuando no existían relaciones consulares con ese país, ni siquiera las tenía Estados Unidos. Este gesto, tomado por los militares como un desinterés por parte de Illia respecto de proteger al país del comunismo, junto con un posible triunfo electoral del peronismo en los comicios bonaerenses de 1967 fueron las motivaciones que encontraron los uniformados para dar un golpe de Estado.

Cultor de la democracia
Mencionábamos más arriba el incuestionado perfil democrático de Illia. Una de las muestras palmarias de esa aseveración estuvo dada por el levantamiento inmediato que hizo de la prosripción de justicialismo (no la que pesaba sobre el propio Perón) que pudo así participar en las elecciones legislativas de 1965.
En resguardo de las libertades y garantías del sistema que cultivaba, Don Arturo jamás arremetió contra uno de sus más enconados enemigos: la prensa. Fue totalmente menospreciado por el creciente poder de las comunicaciones a las que no destinaba un solo peso para publicidad de su actuación; decía él que el pueblo se daría cuenta solo de las bondades de su administración y “se quedó encerrado en esa ingenuidad frente a un enemigo de la magnitud del peronismo”, según palabras del periodista Hugo Gambini, defensor de Illia desde la primera hora.
Esta actitud frente a la prensa tiene origen también en un viaje a Europa en que Don Arturo vio de cerca en su apogeo los regímenes totalitarios de Hitler, Mussolini, Franco y Stalin. Por su acendrada vocación democrática le aterraba pensar en la manipulación informativa. Posiblemente, si no se hubiese aislado de los medios ni hubiese subestimado la creación de una oficina que se encargara del área informativa, tampoco hubiese podido frenar la marcha golpista aunque sí hubiera sido factible neutralizar el Plan de Lucha iniciado por la CGT y estimulado por los militares en 1964.

El hermano

No hace muchos años, los hermanos del único presidente de todos los argentinos nacido en Pergamino, “Morocho” y “Tita” (recientemente fallecida) recordaban junto a LA OPINION el último tiempo de vida de Don Arturo, muchos de los cuales transcurrieron en nuestra ciudad. Decía “Tita”: “Arturo quería la ‘quinta’ y sus últimos días que pasó con nosotros, recorrió todos los lugares donde iba cuando era chico. Fue hasta el horno de mi padre, caminando por la vía, como lo hizo muchas veces para ir a la escuela. Reunió un montón de sobrinitos y se fue al Arroyo, donde él había aprendido a nadar. Parado con las manos atrás, como era su costumbre, miró los árboles, las flores, la casa. El sabía del mal que lo aquejaba, nosotros lo supimos después y nos dimos cuenta entonces de que se estaba despidiendo”.
“Morocho” acotaba en aquella entrevista: “Por la entereza que lo caracterizó toda la vida, nosotros ni cerca nos dimos cuenta de que estaba enfermo”.
Ese fue Arturo, el hermano, el pergaminense que atesoraba los aromas de su casa natal y cada rincón de su patria chica en lo más profundo de su corazón, aquella que dejó para convertirse como médico en el “Apóstol de los Pobres” y como político en el presidente más honesto que recuerden los anales de la historia argentina, sin excepción.

Paradoja
Este paladín de la democracia que fue Don Arturo Umberto Illia falleció el 18 de enero de 1983, paradójicamente muy poco tiempo antes de que se produjera el retorno a la soberanía del pueblo, al respeto por las libertades individuales y a la supremacía de la Constitución por los que tanto había luchado y perdido en el camino. La democracia volvería de la mano de Raúl Ricardo Alfonsín, quien recuerda de Illia que en sus “mil días de gobierno no hubo estado de sitio, ni presos políticos ni gremiales”, algo tan frecuente por aquellos tiempos de los 60 en que, aun en períodos constitucionales, tenía plena vigencia la cultura autoritaria y antidemocrática, sedimentada desde la década del 30.

 

 

Escobar y Martin se suman al homenaje al ex presidente

 

El presidente y la secretaria del Concejo Deliberante de Pergamino, Fernando Escobar y Diana Martin, respectivamente, se sumaron con un texto recordatorio al homenaje al ex presidente Arturo Illia, en los 25 años de su fallecimiento.
“Sin lugar a dudas –dice la nota- la figura de don Arturo Illia ha pasado a ser un paradigma de presidente ‘demócrata’; y se subraya la palabra demócrata porque nos dejó un claro ejemplo a todos los argentinos de su intachable estilo de ejercer el poder. Estilo que quedó evidenciado por su admirable respeto por las instituciones, y la división de poderes, su capacidad para escuchar a las minorías y arbitrar sus soluciones, su austeridad y honestidad más estricta en la administración del gasto público. Pero fundamentalmente por su  convencimiento en que los pilares de la democracia son no sólo la libertad sino también la igualdad. Esta certeza fue la que lo impulsó a obtener una distribución del ingreso que alcanzó una armonía nunca antes vista, juntamente con una retracción de la inflación inusitada para ese momento.
Además fue un defensor acérrimo de la educación y la escuela pública elevando los fondos destinados a la misma como así también los de salud y vivienda, asegurando de ese modo la igualdad de oportunidades y la movilidad social tan necesarias en la vida democrática.
“Su respeto por la libertad quedó evidenciado por el hecho de que durante su Gobierno no hubo persecuciones políticas ni gremiales, ni un solo día de estado de sitio y su relación de absoluta transparencia con la prensa, considerando fundamental la divulgación de los actos de Gobierno para que el pueblo pueda opinar y participar del mismo. Desgraciadamente le tocó gobernar en un período en que se encontraba todavía vigente una cultura autoritaria y antidemocrática que habilitó la interrupción de su mandato con un nuevo golpe de estado.    
“A 25 años del fallecimiento de este ex presidente radical, hacemos votos para que sus enseñanzas sobre la democracia nos conduzcan a todos los argentinos a que,  por encima de las lógicas diferencias  y en el más estricto respeto por la calidad institucional, defendamos el estado de derecho asegurando la libertad e igualdad para profundizar nuestra querida democracia”.
 

La Opinion de Pergamino

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